¿Qué podemos hacer para evitar las peleas entre hermanos?

Aquí compartiré algunas sugerencias para evitarlas: 

Hazles saber que el amor que sientes por cada uno ellos es muy grande y no hay preferencias, demuéstrales que en tu corazón hay espacio para cada hijo y que el amor puede ser infinito.

No hagas comparaciones entre cada uno. Cada niño es único, especial y diferente. 

Crea un entorno donde se respire paz, donde se sientan en confianza y valorados para conversar acerca de todo lo que sucede en el hogar, que se sientan apoyados para expresar sus emociones y para afrontar los problemas que surgen, que sepan que entre todos buscarán la solución más adecuada.

Establece límites claros y firmes. Donde por ningún motivo se justifique la violencia. En cambio enséñales a que pongan en palabras lo que sienten. Por ejemplo: “estoy muy bravo”, “me da mucha rabia que no me quiera escuchar ahora”. Acompañálos y guíalos en el manejo de sus frustraciones.

Recuerda ser un modelo a seguir. Los niños están muy atentos a todo, aunque a veces no pareciera siempre están observando y oyendo como nos expresamos. Recuerda ser comprensivo, empático y amable. Cuando atravieses situaciones difíciles, recuerda respirar, es la mejor herramienta, además nos ayudará ser pacientes y comprensivos ante ciertas situaciones.

Toma en cuenta el tono de voz que empleas al hablar y las palabras que usas para expresarte. Si los niños ven que los adultos reaccionan en todo momento con gritos o elevando el tono de la voz, insultando a los demás y peleando, puede que copien estas actitudes.

Cuando recordamos ser respetuosos en todo momento, la hostilidad entre hermanos disminuye y los niños tienden a tratarse con mayor respeto. 

Enséñales que cada quien tiene sus cosas y tiene el poder de decidir si está dispuesto o no a compartirlas en determinado momento. Demuéstrales que estarás muy de cerca, acompañándolos para apoyar su decisión. Por ejemplo, si uno de los niños está jugando con un carrito y está sumamente concentrado y el otro hermanito tiene ganas de jugar con el mismo carrito, lo ideal sería preguntarle: “¿Quisieras compartir tu carrito en este momento con tu hermano?, si la respuesta es sí, puedes reforzar su acción diciéndole: “Qué bueno que quisiste compartir con tu hermano, seguro disfrutaran mucho jugando juntos!”. Si la respuesta es no, se debe respetar y ayudar al otro hermano a tolerar la frustración que esto pueda causar, diciéndole: “Entiendo que te pongas triste porque quieres jugar con el carrito, en un ratico le preguntamos si esta listo para compartirlo” o también pudieses buscar un carrito igual o parecido. Pero siempre respetando la decisión de cada quien y evitando que se arrebaten los juguetes o que usen la fuerza para defender lo que desean. Durante el momento del juego, lo ideal es recalcarles que lo hacemos para pasar un rato agradable. Las competencias no hacen más que crear rivalidades y conflictos entre ellos. Lo ideal es fomentar el juego como un medio de diversión y distracción, en el que se puede cooperar y trabajar en equipo. 

Si la pelea esta sucediendo, procura que ellos mismos resuelvan su diferencia y si necesitas mediar, evita ponerte de parte de alguno de ellos, evita buscar víctimas o culpables. Busca más información para poder abordar la situación por ejemplo: ¿Qué sucedió?” en vez de ¿Quién ha empezado?” o ¿Qué le hiciste a tu hermano?. Espera que cada uno se exprese y poniendo en palabras sus sentimientos, conversen para llegar a una negociación juntos.

Raquel Roa

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Sentimiento de culpabilidad

Muchos padres y maestros experimentan sentimientos de culpabilidad diariamente.

Algunos afirman estar haciendo todo lo que tienen en sus manos, aseguran dar lo mejor de sí a sus niños y suelen lamentarse del ritmo tan apresurado que solemos llevar.

Sus argumentos son la falta de tiempo y esa necesidad de hacer todo a la perfección.

Mi opinión, es que cada quien hace lo mejor que puede, cada quien ofrece lo que esta a su alcance. Siempre podemos mejorar por supuesto, podemos reflexionar acerca de nosotros mismos, comprender cómo fue nuestra infancia, saber de dónde venimos, hacer un trabajo profundo en nosotros, investigar y comprender que es posible re-aprender.

Pongamos calidad sobre cantidad. No se trata de cuantas horas o de todo lo que le demos a los niños para que se sientan queridos (no se trata de llenar un vacío con cosas materiales o de pasar tiempo juntos y cada quien esté en sus aparatos electrónicos por horas, ni complaciendo en todo a los niños para evitar discusiones), se trata de momentos de calidad, en los que hacemos todo para que se sientan amados y respetados.

Una de mis amigas comentaba lo difícil que puede ser mantener la calma y ser pacientes, que aún y cuando quiere tratar a sus niños con mucho respeto siente que ha tenido días en los que su paciencia y tolerancia es limitada. Se lamentó mucho, ya que considera que más de una vez ha reaccionado de una manera inapropiada y que se ha arrepentido y le ha pedido disculpas a su hijos.

Honestamente me parece un acto de valentía, asumir que se ha equivocado y pedir disculpas de corazón, con intenciones de no repetir esa manera de reaccionar, es una forma de enseñarle a los niños que debemos tomar responsabilidad de nuestros actos.

No es necesario seguir un solo modelo de crianza, o der ser el ejemplo perfecto para nuestros niños, sino de dar lo mejor de nosotros, de comprender que somos humanos, que nos podemos equivocar, pero podemos aprender de esos errores. Se trata de tener como meta criar de una manera amorosa y respetuosa donde prevalezca la paz y tengamos la certeza que estamos ayudando a nuestra humanidad.

Raquel Roa

De los errores aprendemos

No siempre tenemos que tomarnos todo tan en serio, recordemos enseñarle a nuestros niños que todos nos equivocamos y que está bien si cometemos algún error, ayudemos a los niños a que aprendan y saquen algo positivo de cada error.

En el mundo científico se han hecho numerosos descubrimientos y para alcanzar muchos de ellos, tuvieron que fracasar muchas veces hasta salir triunfadores, gracias a esos errores, comprendían que debían usar otros métodos y tomar otros caminos para llegar hasta donde deseaban y poder encontrar las respuestas a sus interrogantes.

Lo mismo sucede con los niños, necesitan intentar, probar, persistir, equivocarse y experimentar para poder construir el conocimiento del mundo al que pertenecen.

Los errores no nos convierten en personas fracasadas, al contrario nos dan una oportunidad para aprender y crecer… Los errores nos ayudan a reflexionar y a construir nuestro futuro.

Raquel Roa

Dar amor a los niños, no es malcriar

Hace algunos años atrás, era maestra de la clase de los bebés. Un salón en el que por la edad de los niños amerita que seamos sumamente maternales y empáticos para asegurarnos que los niños se sienten seguros y queridos (Aunque esto se necesita en todas las edades no solo en la clase de los bebés).

Muchas veces me decían que dejara de cargar a los niños porque podía malcriarlos o porque haría que se acostumbraran a mi brazos. ¿En qué se basaban para decir esto?, ¿quién fue el que dijo que cargar a los niños los malcriaría?

Para mí, todos estos comentarios están fuera de lugar. ¿Quién dijo que dar amor y respeto a los niños traería consecuencias negativas en su desarrollo?, ¿quién dijo que debe haber un límite en el amor que ofrecemos a los niños?

¿Qué sociedad ha salido adelante construida bajo la violencia o el abuso?

¿Para formar personas fuertes hay que hacerlos sufrir desde pequeños?

Nuestros niños son el presente y el futuro, debemos amarlos, respetarlos, y darles la atención que tanto merecen. Ofrecerles todo nuestro amor hará que cuando crezcan, se conviertan en adultos seguros y estables emocionalmente, lo que permitirá que el mundo mejore como humanidad.

Me encantaría saber tu opinión, ¿Piensas que está bien cargar a los niños cuando lo necesitan? ¿Dar amor puede malcriar a los niños?

Raquel Roa

En vez de controlar a los niños, controlemos nuestras propias emociones

Es mucho más valioso enseñarle a nuestros niños herramientas para la vida y respetar su proceso evolutivo de desarrollo que tratar de controlarlos en todo momento.

Controlemos nuestras emociones, controlemos cómo manejar la forma en la que nos sentimos. Respiremos profundo y seamos empáticos.

Intentemos ser un modelo a seguir, conversemos y negociemos con ellos, no los manipulemos.

Demos el ejemplo de cómo ser respetuosos y de cómo usar nuestras palabras para expresar lo que sentimos.

Seamos una guía para los niños, seamos su compañía en el camino de su crecimiento, no usemos la fuerza ni el miedo como estrategia para lograr que nos obedezcan, no hay necesidad de gritos, castigos o amenazas. Si conversamos con amor, con respeto y les explicamos con bases el por qué de las cosas, ellos serán capaces de comprender lo que queramos comunicar.

Seamos un apoyo para ellos, no los hagamos sentir apenados por lo que no pueden lograr en algún momento , seamos una fuerza de apoyo, para animarlos a cumplir lo que se proponen.

Hagamos uso de la anticipación, expliquemos lo que va a suceder y el por qué. Esto les dará estabalidad y seguridad.

Promovamos el juego libre, sin tanta estructura, permitamos que usen su creatividad e imaginación.

Ofrezcamos diferentes opciones para que ellos mismos puedan tomar sus propias decisiones y sientan autonomía y control.

Haciendo uso de estas herramientas, no tendremos la necesidad de controlar a los niños, ellos mismos, poco a poco aprenderán a autoregularse y a expresar lo que necesitan. Si los dejamos ser niños, comprenderemos que no hay necesidad de tener el control de todo y que podemos encontrar un balance, mientras crecen en un ambiente feliz junto con nosotros.

Evita comparaciones entre niños, la realidad es que todos somos únicos. 

Si pretendemos criar niños alegres, seguros, debemos evitar comparar a unos niños con otros.

Si eres de los que hace comparaciones entre niños, responde estas preguntas: ¿Qué es lo que quieres lograr con estos comentarios?, ¿Qué es lo que quieres conseguir?. De esta manera podrás tomar en cuenta las consecuencias que las comparaciones pueden causar. 

¿Se les hace familiar estas frases o preguntas? “¿Por qué te portas así?… Tu amigo tiene tu misma edad y no hace eso”.

“Cuando yo tenía tu edad no lloraba por esas cosas”.

“Tu hermanito es menor y no le da miedo hacer esas cosas… Anda hazlo”.

“¿Por qué tu hijo no ha dejado los pañales todavía?, el mío los dejó hace meses…” Al comparar a los niños, creamos envidias, competencias, rivalidades y celos entre ellos. 

Con esto, solo se logra afectar la autoestima al niño. Ya que el mensaje que se le transmite es que él no puede, o que es más o menos persona por hacer o dejar de hacer algo. Con estas comparaciones los niños pueden sentir que sus cualidades no son valoradas y que por el contrario valoramos mucho más las cualidades de los demás. Lo cual provoca que se sientan inseguros y hasta menos queridos. Cuando se hace sentir a un niño inseguro lo limitamos en vez de expandir su potencial como persona.

Es ideal que se les reconozca sus logros y que les demos todo el apoyo que sea necesario en sus fracasos. Tenemos que hacerles saber a nuestros niños que los aceptamos tal como son, que comprendemos que cada niño es único y que tienen ritmos diferentes, que no importa qué suceda, siempre tendrán todo nuestro amor.

Raquel Roa

¿Por qué no se debe obligar a los niños a pedir disculpas?

Enseñar a nuestros niños a disculparse y decir lo siento, puede parecer sencillo, pero enseñar a decir “lo siento” va más allá de las palabras, implica desarrollar la empatía y sentir de corazón ese “lo siento” o “disculpa”.

En muchas ocasiones, se les obliga a los niños a disculparse y a pedir perdón y es evidente que muchas veces dicen ese “lo siento” de mala gana, como una respuesta condicionada, sin una verdadera comprensión de la naturaleza de una disculpa.

Cuando forzamos al niño a decir “lo siento” no le estamos enseñando el significado de esas palabras, y mucho menos le ayudamos a ponerse en el lugar del otro.

La disculpa parte de la empatía, cuando nos ponemos en el lugar del otro y logramos saber cómo se siente la otra persona, podemos disculparnos de verdad e ir más allá de las palabras proporcionando el apoyo emocional que se merece la otra persona.

En muchos casos los niños aprenden a decir “lo siento” como una manera de evitar que lo regañen o lo castiguen. Y en la mayoría de estas situaciones no se han puesto en el lugar del otro sino que lo han hecho simplemente para librarse de una consecuencia negativa por parte de los adultos. 

Al obligarlos a disculparse se envía un mensaje errado al niño. Ya que se les pide que digan algo sin sentirlo, sin comprender qué fue lo que sucedió. Lo cual da cabida a que sean seres que puedan llegar a ser hipócritas, seres que sientan una cosa y demuestren o digan otra.

El niño necesita entender el poder de un “lo siento”, para esto es importante que comprenda qué es lo que hizo, cuáles fueron las consecuencias de sus actos y cómo perjudicó a otra persona.

En lugar de pedir al niño que pida disculpas rápidamente, enséñale a preguntar: “¿Estas bien?, ¿Te puedo ayudar en algo? ¿Puedo hacer algo para que te sientas mejor?, ¿Necesitas un abrazo?, ¿Necesitas que te deje solo?, etc.

De esta manera ayudamos a nuestros pequeños, a que poco a poco vayan construyendo su concepto de empatía a través del respeto y el amor.

Raquel Roa

Los niños también juegan con muñecas

Los niños aprenden a través del juego, a través de la representación.

La representación, se refiere a la capacidad del niño de reproducir en su mente objetos y acciones que ve concretamente en la realidad. Es gracias a la representación mental que el niño puede reproducir en su juego escenas observadas.

Una de las maneras que usan los niños para ir entendiendo el mundo en el que viven, es dramatizando diferentes acciones de la vida real que retiene en su mente. Es por eso, que es frecuente que veamos a nuestros chiquitos jugando a que están hablando por teléfono, a que le dan el tetero a un bebé de juguete o que nos preparan la comida. Son éstas dramatizaciones, las que nos muestran la capacidad que tienen los niños para representar mentalmente las acciones que han visto y que les resultan significativas.

La formación de nuestros niños comienza desde muy temprano, tratemos a todos los niños con igualdad.

Tengamos una imagen poderosa de los niños y de las niñas, donde sin importar el género, sepamos que son capaces, valiosos, únicos, con el derecho de ser libres y de expresar tus sentimientos.

Los tiempos han cambiado, tenemos mujeres y hombres trabajadores, algunos desde  oficinas, otros desde la casa. Hoy en día los hombres también se involucran en la crianza de sus hijos, con las tareas del hogar, expresan sus sentimientos a través de las palabras y está bien si necesitan llorar.

Queremos formar personas de bien, felices con lo que hacen. Si una niña quiere jugar futbol y un varón quiere bailar ballet, eso no lo hace ser menos persona, simplemente tienen la decisión en sus manos, tienen el poder de hacer lo que les da felicidad.

Queremos formar personas que en un futuro críen de la manera mas respetuosa y amorosa a sus niños. Así que padres, maestros y cuidadores, no limiten a los niños, dejen que se involucren en las tareas del hogar, y que jueguen con muñecas y coches, en un futuro serán padres y ese juego se convertirá en realidad, les darán de comer a sus hijos, les cambiaran sus pañales, y los pondrán a dormir. Siendo adultos responsables y apoyando y acompañando a sus parejas en todo momento. Permítanle a las niñas que jueguen con carritos, a ser superhéroes, a pintar con el azul, a entrenar en artes marciales, a jugar con pelotas. ¿Qué mas gratificante, de saber que eso que esta haciendo le da alegría?. Quizá en el futuro sea una Karateka o futbolista profesional.

Igualdad de género, recordemos este valioso principio para tener una mejor convivencia en este mundo, donde se respeten nuestros derechos y el de los demás, aprendamos a dejar vivir al otro, a tener un mundo donde nos sintamos libres de ser quienes somos, donde nos sintamos felices y en paz.

Raquel Roa 

¿Por qué el juego es tan importante en la vida de un niño?

El juego es una pieza fundamental en la vida del niño, sirve para su desarrollo y está íntimamente ligado al aprendizaje, ya que los niños aprenden a conocer la vida jugando.

El juego estimula la imaginación y creatividad de los niños, es el método que usan para aprender acerca de su mundo. Además, a través del juego se establecen los primeros lazos de confianza, seguridad y amistad.

El juego es como si fuese una práctica de las funciones necesarias para la vida adulta, ya que contribuye en el desarrollo de funciones y capacidades que preparan al niño para poder realizar las actividades que desempeñará cuando sea un adulto.

Raquel Roa

Está bien si a veces no queremos compartir 

Muchas veces se repite la historia de adultos obligando a sus niños a compartir sus juguetes con los demás, muchas veces hasta haciéndolos llorar o molestar.

Pensemos, realmente ¿Debemos obligar a los niños a compartir?, dar la opción a los niños de compartir o no sus juguetes hace que aumente su generosidad posteriormente.

En mi opinión si a los niños no se les obliga a compartir sino que se les da la opción de “elegir”  serán más propensos a compartir  en un futuro.

Imagínense esta escena, un niño jugando concentradamente con un carrito, luego viene otro con ganas de jugar con ese mismo carrito y trata de quitárselo, éste no se deja y el otro comienza a llorar. Luego entra el adulto diciéndole a su hijo que sea buen niño y que se lo preste porque ya lleva rato jugando con ese carrito. ¿Qué sucede después?… El niño es forzado a compartir, interrumpe su juego, descubre que compartir se siente mal y si a ver vamos, en esta situación fue el adulto quien compartió y no el niño.

Cambiando los papeles, ¿qué pasaría si obligáramos a un adulto a compartir su carro a un desconocido?, ¿qué pasaría si obligáramos a una persona a compartir su esposo porque ya lleva muchos años casado y debe ceder el turno?

En vez de usar la estrategia de “cinco minutos uno y luego cinco minutos el otro”, ayudemos a los niños a tomar conciencia.

Cambiemos de estrategia, “si te parece, le pudieses decir a tu amigo que cuando termines con el juguete se lo puedes prestar”… Otra manera sería demostrarle respeto al niño y preguntarle: ¿Quisieras compartir tu juguete en este momento?, si la respuesta es sí, pues podemos reforzar este momento diciéndole: “compartiste tu carrito con tu amigo”, poniendo en palabras todo lo que sucedió y dejándole saber que acaba de compartir en este momento.

En caso de que el niño no quisiera compartir, con nuestras palabras le decimos que comprendemos que no quiere compartir pero que si llega a estar listo para hacerlo en unos minutos nos lo deje saber. Además podemos ayudar al otro niño , a tolerar su frustración por no poder alcanzar lo que quiere en ese momento, pero dándole ánimos y apoyo para que lo intente nuevamente, se le puede decir “sabemos que te duele mucho no poder tener este carrito ahora, quizá puedes jugar con este otro” ó “podemos preguntarle en cinco minutos a tu amiguito a ver si quisiera compartir ahora”.

Más que forzarlos a compartir, es inculcarles los valores y beneficios de compartir y que por sí mismos ellos aprendan a dar sin recibir.

Raquel Roa